“LOS GURÚS DEL HUMO: LO QUE ME HA TOCADO VIVIR INTENTANDO CRECER MI NEGOCIO”
- Pioneros LATAM Colombia

- 13 nov
- 4 Min. de lectura
Por: José Manuel Vecino P. *
Voy a contarte algo que me ha pasado tantas veces que ya hasta me causa una mezcla de risa y cansancio. Cada vez que aparece un “gurú del marketing digital”, un “mentor de crecimiento explosivo” o un iluminado que jura tener la fórmula secreta para vender más, atraer clientes dormidos y multiplicar mis resultados, me recorre una sospecha instantánea.
No tengo nada en contra de aprender ni de buscar nuevas herramientas; al contrario, siempre estoy mirando cómo mejorar. Lo que me molesta es esa actitud mesiánica con la que llegan, como si fueran los salvadores del emprendimiento.
Te lo digo tal cual: me incomodan las promesas exageradas. Esa retórica de “triplica tus ingresos en 30 días”, “el método que no te quieren contar” o “cómo vender sin vender”. Suena lindo, sí. Suena convincente. Pero cada vez que escucho uno de esos discursos me pregunto en qué mundo viven estas personas… porque en el mío, donde hay clientes reales, propuestas reales, facturas reales y resultados que deben sostenerse, las cosas no funcionan así.

Y no lo digo desde la teoría; lo digo desde la experiencia. He pagado programas, talleres, asesorías premium y cursos “ultra exclusivos”. Pago… y no veo. No veo el valor, no veo la metodología, no veo la supuesta “implementación” que tanto venden. Veo frases bonitas empaquetadas, veo plantillas repetidas, veo humo perfectamente envuelto en una presentación elegante. Y después me quedo con esa sensación amarga de que, una vez más, compré esperanza cuando lo que buscaba era herramientas.
Con el tiempo entendí que muchos de estos gurús no viven de aplicar las estrategias que enseñan, sino de vender cursos sobre cómo aplicar estrategias. Es decir, su verdadero caso de éxito soy yo, el que compra. Y cuando caí en cuenta de eso, empecé a notar un patrón. Primero me dicen que lo estoy haciendo todo mal. Luego me muestran un caso de éxito que parece sacado de un guion. Después me ofrecen acceso exclusivo con descuentos irrepetibles que “solo duran 15 minutos”. Y por último me hacen sentir que, si no compro inmediatamente, es porque no estoy listo para crecer.
Eso es lo que más me irrita: la manipulación emocional disfrazada de mentoría. De verdad creen que el crecimiento empresarial depende de hacer clic antes de que termine un temporizador ridículo. Como si hubiera un botón mágico escondido detrás de una pasarela de pago. Y claro, al comienzo uno —o en mi caso, yo— sí cree que quizás hay algo que se me está escapando. Que tal vez sí hay un secreto. Que quizás yo soy el que no sabe. Pero no: después de varios tropiezos entendí que el único secreto del crecimiento real es el mismo de siempre: estrategia, disciplina y consistencia. Nada que se pueda condensar en un curso de 40 minutos ni en una promesa de viralidad.
Y cuando pienso que ya lo he visto todo, aparece la joya de la corona: los mensajes automáticos. Basta con que deje un like o un comentario para que me llegue un texto genérico diciendo que revisaron mi perfil, que tengo “muchísimo potencial” y que ya me agendaron una cita. ¿Cómo así que me agendaron? ¿En qué momento acepté yo una reunión? ¿Por qué creen que ese tipo de abordaje funciona? Si ni siquiera saben quién soy, cómo trabajo o qué problema intento resolver. Ese es el colmo del mal marketing: pretender enseñar ventas… presionando a la fuerza.

He llegado a la conclusión de que buena parte de estos vendedores de humo construyen su reputación sobre la ansiedad de quienes tenemos empresas pequeñas o medianas y buscamos crecer. Saben que tenemos expectativas reales, sueños reales y retos reales. Saben que no nos sobra el tiempo, saben que cualquier avance puede marcar la diferencia. Y por eso se aprovechan, porque entienden que estamos abiertos a nuevas ideas. El problema es que ellos no ofrecen ideas; ofrecen atajos. Y los atajos en los negocios casi siempre terminan costando más caro.
Después de tantas experiencias fallidas, comencé a observar mi propio proceso con más claridad. Y me di cuenta de que lo que sí ha funcionado en mi negocio no tiene nada que ver con los trucos, ni con las promesas de impacto inmediato, ni con las estrategias mágicas. Lo que funciona es la coherencia. Es entender a mi cliente. Es construir reputación. Es comunicar con autenticidad. Es mejorar cada propuesta. Es medir, ajustar y volver a intentar. Es ofrecer valor en serio, no ilusión. Todo eso suena menos espectacular, pero es lo único que sostiene un negocio de verdad.
Lo que más agradezco de todo esto —porque incluso las malas experiencias enseñan— es que ahora huelo el humo a kilómetros. Ya no me deslumbra un anuncio bien producido. Ya no me impresiona un discurso motivacional con música épica. Ya no me dejo llevar por la urgencia falsa de “te quedan 12 minutos”. Ahora observo, escucho y decido con calma. Y sobre todo, confío mucho más en quienes trabajan con procesos reales, con métricas claras y con expectativas aterrizadas.
Hoy veo a los gurús que prometen convertir agua en ventas y sonrío. Entiendo su negocio, lo respeto… pero ya no compro. Prefiero seguir mi propio camino, con mis ritmos, mis aprendizajes, mis clientes y mis resultados. Prefiero crecer desde lo que sé hacer, desde mi propuesta de valor, desde lo que realmente puedo mejorar. Porque en este punto ya tengo claro que el éxito no se terceriza, no se compra en cuotas y no viene en un curso que dura exactamente lo mismo que un episodio de Netflix.
El éxito se construye.Sin humo.Sin trucos.Sin salvadores.Y con muchísimo trabajo que nadie ve, pero que siempre paga.
*José Manuel Vecino P. – Magíster en Gestión Ambiental, Especialista en Gestión Humana, Gerente de Gestión Humana, consultor empresarial y docente universitario. Contacto: jmvecinop@gmail.com






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